Starter - The Cardigans

Buenas Familias

-Sabes Ernesto, ¿cuáles son las dos cosas que más odio en este mundo?
-Ni idea jefe
-Madrugar y el invierno - Vocifero molesto el comisionado Pili, mientras encogía los hombros y guardaba sus manos en los bolsillos.
-Jefe, que no hace mucho me dijo que era trasnochar y el verano.
-Bueno, y es así, tengo mucho odio para todos, soy generoso. Bueno, pongámonos serios, que me quiero ir a tomar un cortado. ¿Qué tenemos acá?
-Encontramos muerta a esta persona en su coche, lo reportaron los vecinos. También encontramos esto y sus documentos.
-¿Algo más? ¿Celular, armas, sangre, cabellos, ropa interior?
-No jefe, nada interesante.
-Bueno parece que ya nos podemos ir a tomar el cafecito y después a la casa del fallecido.

-Buenos días señora, ¿esta es la casa del señor Gurzman Roberto?
-Guzmán. Si esta es ¿qué quieren?
-Soy el comisionado Pili y acá mi secretario Ernesto. Estamos acá porque necesitamos la agenda o el celular de Roberto, ¿me la facilitaría?
-El celular lo debe tener él.
-Hágalo sonar por si las dudas
-Bueno -dijo desconfiada la mujer, a los pocos minutos se escuchó sonar el celular entre los cojines del sofá.
-Tranquila, yo lo tomo. Ahora Ernesto, haceme un favor;, ubícame a cada familiar en una habitación separada y ya vengo, tengo que hacer unas llamadas.

A los 15 minutos regresó y le susurró al odio de Ernesto - Hoy vas a ver algo divertido.

Entró primero al cuarto de la mujer, luego al de la hija, por ultimo al del hijo. En todos repitió el mismo discurso: Hemos encontrado muerto a Roberto Guzmán, ya hemos tomado las otras declaraciones y ambos han sugerido que usted puede estar involucrado en el crimen.

Lejos de la conmoción y el llanto, todos despertaban iracundos, injuriando y contando cientos de historias; infidelidades, abusos, golpes y amenazas, dibujando hipótesis de como los otros, en realidad, debían estar involucrados y complotados.

Un par de horas y muchos gritos después, finalmente Pili y Ernesto salieron de la casa.
-¿Qué ha sido todo esto ?
-Ganas de joder Ernesto, cuando salí con el celular hice lo que pedía la nota; llamé a la psicóloga de Guzmán para cancelarle la cita. Cuando le dije que se había suicidado se enojó un poco, le debía 5 sesiones.

La Grande - Saer, Juan José (fragmento)

La ebriedad, objetivo principal del consumo de vino, no debe ser mencionada,
aunque es por definición la razón de ser misma del vino; y la ebriedad
empieza ya con la primera copa, de modo que sólo los hipócritas pretenden
que hay que tomar con moderación. Entre el estado que procura el primer
sorbo de vino y la inconsciencia final de la borrachera, no hay más que una
diferencia de grado. Desde la primera copa, el otro, o lo otro —la
otredad— que buscamos, aflora desde dentro en el único sitio en el que
razonablemente puede encontrarse, es decir en nosotros mismos. El vino
modifica, a la vez, al bebedor y al mundo. La nitidez sensorial provoca,
provisoria, el olvido del abismo, permitiendo que se instale, casi enseguida,
la alegría, la agudeza, la fuerza; importa poco que más tarde, con la
segunda o tercera botella, la intranquilidad, la angustia, la confusión, el
furor, vuelvan a tomar posesión del cuerpo y de la mente: la ebriedad
otorga el don tan difícil de obtener, de ser al fin uno mismo. Sobrios,
estamos como expulsados de nuestra vida interior; la ebriedad nos la
restituye.

Es la única función del vino; y el alcohol es sagrado en todas las
civilizaciones, salvo en la nuestra, donde, como todo el resto, se transformó
en mercancía. Debe ser un rasgo del cristianismo, porque en Las mil y una
noches, los comerciantes en vino son siempre cristianos. En vez de
pretender desterrar la ebriedad del consumo del vino, habrá que admitir
que en realidad existe la ebriedad sin vino, y que buscarla a través del vino
constituye una búsqueda del propio ser, lo que la sobriedad por lo general
oblitera. Lo más probable es que para no encontrarse con uno mismo se
practique, en forma programática, la sobriedad. La ebriedad natural, sin
coadyuvantes tóxicos, como el vino y otras drogas, también está mal vista.

La locura, por ejemplo, puede ser considerada una especie de ebriedad
causada por una combinación de agentes internos y exteriores. La mística
es otra: por eso, los místicos, borrachos de la divinidad, son mal vistos en
todas las religiones. Pero hay una ebriedad pasajera, no tóxica, que asalta
al sujeto de un modo súbito, haciéndolo cambiar de estado y verse durante
unos instantes y ver, a la vez, al mundo diferente, extraño, en un estado
transitorio durante el cual lo banal se enaltece, lo familiar se vuelve
remoto, y, lo desconocido, familiar. Esta ebriedad inmotivada, que puede
causar exaltación o pánico, pone en contacto con la otredad tan buscada a
través del vino, y por lo tanto es tan sospechosa como la otra, que el vino
procura. La búsqueda deliberada de esa otredad de lo mismo que hay en
uno y en el mundo, puede ser considerada como el ejercicio de una
metafísica práctica. Y la toma de contacto con esa otredad, exaltante o
dolorosa, poco importa, como una experiencia mística pasajera. Nula saca
la libreta de notas del bolsillo, depositándola sobre la mesa de trabajo y con
una birome negra que retira de un cacharro, después de trazar una línea, un
redondelito y otra línea sobre el renglón vacío para separar la nueva nota, de
la anterior, medita durante unos segundos y escribe: Concebir un dualismo
materialista a partir de percepciones múltiples y contradictorias, en un solo
individuo o en muchos: la otredad de lo mismo, como el anverso y el
reverso de una lámina delgada, que si uno la da vuelta, reverso y anverso
cambian de lugar, ocupando el del otro. Lo mismo transformándose,
incesante, en lo otro.